o si lo celebras.

Qué rancio es Bryan Adams. Yo flipo, justamente cuando piensas que no se puede ser más cateto… va y se dedica a perseguir a sus fans. Eso sí que es estar amargado de la vida. Aunque no diría que la fórmula de Jonathan Coulton proporciona la felicidad, sí es una forma interesante de decir que Neil Gaiman es fan tuyo.
El asunto de esta entrada es por la recomendación que voy a hacer de WFMU – radio para tiempos de blip.fm. Ahí siempre oigo cosas que me gustan y me sorprenden. Tienen programas maravillosos como el de Irene Trudel o el de Laura Cantrell (sí, también canta), con los especiales navideños y fin de año de rigor. De hecho, en el “Radio Thrift Shop” de Laura Cantrell hay por costumbre un ratito conmemorativo, en su primer programa de enero, dedicado a Hank Williams y Townes Van Zandt.

Me he vuelto a quedar estancada, a mitad de libro. Estoy leyendo The Ten Cent Plague, de David Hadju. Es interesante, pero se cuenta una y otra vez la misma historia con diferentes nombres. Un empresario excéntrico y sus atípicos trabajadores, artistas dotados pero a los que la sociedad da la espalda, trabajando a destajo para crear un producto considerado para niños y desechable. Pero en realidad no lo es, es una de las primeras muestras del gran arte que llegará a ser el cómic. Entonces algún representante institucional hace campaña contra ellos. Consigue limitar o prohibir su distribución. Cada capítulo es esto, una y otra vez.

A veces el artista es negro, mujer o menor de edad… el empresario honrado, deshonesto o ambiguo… etc. ¿Cuándo saldremos de este loop? Es real como la vida misma. De hecho el libro es sobre la realidad de los comics en los años 40-50 en EE.UU.
Y mientras, sigo aprendiendo Ruby en mis ratos libres. Es una actividad de domingo un poco extraña, pero me gusta. También hago calceta.